Historia del Bonsái

Las referencias sobre Bonsáis más antiguas de las que se tiene constancia, aparecen en China, reflejadas en unas pinturas de la dinastía Tang (años 618-906), donde se pueden apreciar ejemplares de pinos, ciruelos, cañas de bambú y Sageretia, plantados en pequeños recipientes como los tiestos actuales.

 En China hay dos maneras de cultivar el Bonsái, la del sur consiste en cultivar los árboles tratando de imitar la naturaleza, por lo cual se crían únicamente los ejemplares encontrados en el monte, y se conservan más o menos con la forma natural evitando la aplicación de alambre en sus ramas y tronco, dándole forma únicamente basándose en podas.

 En el norte, en cambio la idea es diferente, consiste en conseguir formas armoniosas para estos arbolitos, aunque para ello se tengan que utilizar alambre u otros objetos como pueden ser los pesos en ramas Etc.

 Probablemente a partir del siglo X u XI, los misioneros budistas chinos, llevaron al Japón el Bonsái como objeto religioso, considerándolo como una forma de acercarse a Dios.

 Los japoneses llegaron pronto a ser expertos cultivadores que aprendieron y descubrieron la mejor forma de educar ramas, troncos y raíces.

 El bonsái llega a occidente.

El bonsái apareció en Europa durante el siglo XIX, debido a los viajeros que descubrieron Oriente.

 Las primeras apariciones documentadas de bonsáis en Occidente fueron debidas a los japoneses, presentando en 1878 con motivo de la III Exposición Universal de París y en las posteriores de 1889 y 1900 colecciones de bonsáis.

 Tanto en Francia como en Inglaterra se despierta el interés por este nuevo arte para los occidentales, emitiéndose hipótesis que resultan coincidir con la realidad. En 1889, J. Vallot escribe un tratado en el Boletín de la Sociedad Botánica de Francia sobre "las cusas fisiológicas que conducen al achicamiento de los árboles en los cultivos japoneses.

 Durante esta misma época se importaron bonsáis a Inglaterra, siendo presentados en la exposición de Londres de 1909. Se tienen pruebas de las relaciones mantenidas con un maestro japonés y se cuenta también que el rey Eduardo VII poseía una colección de bonsáis de la que se ocupaba personalmente, aunque se ha perdido toda huella de estos primeros ejemplares.

 Entre las dos guerras, el florista parisino Andre Baumann importó a París varios ejemplares para satisfacer la petición de algunas personas interesadas en la cultura Oriental. El Japón volvió a estar de moda.

 Actualmente, los bonsáis se conocen en todos los países y se crean asociaciones en los que los aficionados y especialistas se reúnen.

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